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Mi hijo/a me empieza a preguntar sobre el TEA, ¿qué hago?


“Mamá, mi amigo Rodi dice que tengo autismo, ¿qué es eso?”


Dentro de la asociación acompañamos a familias, las cuales empiezan a enfrentarse a preguntas difíciles de abordar ya que quieren hacerlo de la mejor manera con sus hijos/as.


Se llenan de preguntas como “¿Debo contarle lo que pasa?, si él/ ella es feliz así” o “¿Cómo le transmito esta información sin que sea traumática o creándole una etiqueta?”. En ocasiones les invaden sentimientos de culpa o inseguridad, porque piensan que, si estas preguntas han llegado, es porque deberían de habérselo explicado antes para lograr evitarlas. O quizá, porque ya empezaron a preguntar hace un tiempo y han ido posponiendo la respuesta todo lo posible al no sentirse preparados.

Lo primero que os queremos decir es: no os preocupéis, las preguntas han llegado cuando su proceso madurativo y del desarrollo ha dado lugar. Lo segundo, tranquilos, ya lo estáis haciendo bien, porque siempre hacéis lo que podéis por ellos y su bienestar y eso es ya una gran victoria.

Como la información es poder, en este artículo nos centraremos en aspectos importantes en cuanto a la evolución psicológica de los peques que los papis deben saber, para estar preparados cuando ese momento llegue.

Lo primero que debemos destacar, es que todo está relacionado con el concepto de sí mismo, el cual hace referencia a la conciencia que tiene una persona sobre su propia existencia, sus características identificadoras y su capacidad para expresarlas. Hay que tener en cuenta que la conciencia de uno mismo evoluciona al hacerlo el resto de funciones superiores (cognición, lenguaje, atención, memoria, etc.), por lo que no tiene una edad fija determinada, ya que depende de muchos aspectos, como pueden ser las aptitudes de nuestro hijo/a, el contexto social en el que vive, los estímulos que recibe, la presencia o no de un diagnóstico diferencial, tipo de diagnóstico, el grado de severidad...


No obstante, sí nos podemos guiar de lo que los estudios acerca del neurodesarrollo nos indican. Más o menos, dentro de la horquilla de los 7 a los 11 años, los niños empiezan a diferenciar aspectos psicológicos y físicos de sí mismos, cuando antes de esto solo eran capaces de realizar vagas descripciones sobre su aspecto físico y conductas directamente observables.

Normalmente en terapia, esta etapa coincide con el periodo donde ellos empiezan a hacerse preguntas acerca de su propia manera de ser, comportarse... Es la etapa de mayor probabilidad de inicio de interés por su propio “yo”, “¿quién soy?” “¿cómo me ven los demás?”.

Además, a partir de los 7 años, más o menos, también van desarrollando la cognición social donde se pone en marcha la capacidad para elaborar ideas sobre lo que otros puedan pensar de ellos mismos, y entonces empiezan a surgir preguntas al entorno más cercano de apego buscando respuestas que le hagan comprenden la información que reciben de su entorno social y a sí mismos. Empezaremos a escuchar la temida pregunta, “Mamá, ¿tengo autismo?”, “Papá, en el cole dicen que hago las cosas diferente porque soy autista, ¿qué es eso?”. Empieza un periodo de duda para los padres, que hasta el momento han tenido el curso del desarrollo a su favor, y no se han visto en la tesitura de empezar a abordar temas que pueden parecer complicados, pero finalmente, si tenemos las herramientas, será una etapa más en ellos.

En terapia, desde la asociación abordamos esta evolución en el proceso madurativo como algo positivo. Empiezan a desarrollarse áreas cognitivas que se encargan de tareas más complejas, por lo que quiere decir que, si está realizando estas preguntas, por mera evolución, está preparado para escuchar las respuestas. No obstante, la manera y los tiempos han de ser cautelosos, por lo que empieza un proceso de preparación a las familias y psicoeducación a los peques donde siempre serán ellos los que nos marcarán cuanta información están preparados para recibir y/o asumir.

Las claves que creemos que son más importantes a la hora de abordar estos temas son:

  • Evitar discursos demasiado abstractos o difíciles de comprender. Debemos tener en cuenta que hasta los 12 años aproximadamente, no desarrollan su pensamiento abstracto por lo que necesitan respuestas formuladas con un lenguaje sencillo, claro y comprensible a sus preguntas, apoyándonos de ejemplos, ayudas visuales, referencias... las respuestas demasiado “realistas” o “adultas”, no están aún preparados para comprenderlas.

  • La explicación a través de los cuentos siempre es una buena opción. Los niños aprenden los valores morales y sociales más importantes desde que son pequeños a través de los cuentos. Es el medio que mejor se adapta a su momento evolutivo ya que a través de la fantasía, lo ficticio, la magia o lo sobrenatural, son capaces de llegar al mundo mágico de los peques, y no hay mejor manera de aprender algo, que sentirnos en consonancia con ello.

  • Tanto la familia como los profesores y terapeutas, deben estar en constante comunicación para que la información que reciba de manera generalizada en todos sus entornos sea la misma, eso le ayudará a evitar que se sienta confundido.

  • La importancia de relativizar y normalizar. Cuanto más alarguemos, tapemos o evitemos la situación siempre es peor para él/ella. Nuestro peque va haciendo preguntas que necesitan ser respondidas de la manera lo más natural posible. Somos su espejo y cómo nos sintamos nosotros, se lo transmitiremos a nuestros hijos.

  • Partiremos de la base de que nuestra manera de ser no depende de una etiqueta. No queremos etiquetar al peque, solo hacerle entender la información que pueda recibir del exterior y sepa integrarla y tener las herramientas necesarias disponibles para afrontar con total normalidad cada situación. Cada niño es diferente, no existen dos iguales. Por lo que el primer paso antes de nada sería entender que las cosas que a él le pasan le pueden pasar a los demás también, por ejemplo, a nosotros. Ponernos de ejemplo, siempre es una buena opción: “a mí también me molesta el ruido muy fuerte, peque”, “A veces también me cuesta saber si mamá está contenta o enfadada”, “Cariño, yo también me pongo muy nerviosa en los centros comerciales”. Una vez entendemos el entorno social de esta manera y no como un continuo de polaridad entre lo “normal” y lo “no normal”, sino como una gama de millones de colores con distintas tonalidades, podremos empezar a explicarle que, dentro de esos colores, en nuestra sociedad se ponen diferentes nombres cuando las personas coinciden en varias características, pero eso no nos debe limitar ni encerrar en una etiqueta, aunque eso llegarán a comprenderlo más adelante, en su época adulta. No obstante, es importante que vayamos psicoeducando a los peques en esa idea, dentro de su capacidad de comprensión, para que la semillita que plantemos ahora, se vea reflejada cuando vayan creciendo.

Creemos que este proceso puede llegar a ser precioso, ya que dotamos a los peques de herramientas poderosas que les ayudarán a empoderarse, tener seguridad sobre ellos mismos al dar explicación a sensaciones propioceptivas de las que se van dando cuenta, pero no están encontrando un por qué aún, aumentar la capacidad de expresión y argumentación, mejorar sus habilidades sociales, favorecer un buen desarrollo emocional y potenciar el vínculo familiar con sus figuras de apego.

Por último, dejar claro que los datos expuestos en este artículo sobre edad y evolución madurativa están basados en estudios en población sin ninguna patología, por lo que en el caso de que el peque disponga de diagnóstico, son datos que pueden variar ya que la evolución cognitiva en cada caso es totalmente individual, independientemente de su diagnóstico y no se pueden marcar datos concretos significativos.

Además, es importante dejar constancia que dentro del diagnóstico del Trastorno del Espectro Autista existen diferentes grados de afectación y severidad, por lo que este tipo de pautas no se deben generalizar a todo el espectro. Dentro de este trastorno es complicado dar pautas generalizadas, ya que dentro del neurodesarrollo es uno de los diagnósticos con más comorbilidad y variedad en cuanto a las características individuales. Podemos asegurar que cada peque es único.

Esperamos que os haya ayudado y os haya aportado algo de información clarificadora a todos esos papis y mamis que se encuentren en este momento tan crucial.


Natalia Polo Fernández.

Psicóloga.

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